Sus
comienzos como dirigente gremial
A los 27 años ingresa como soldador en la fábrica
Phillips, del porteño barrio de Saavedra. Fue allí
donde conoció a Elida María Curone, su esposa desde
1963 y donde adquirió el sobrenombre de “Lobo”.
En poco tiempo se convirtió en un líder con un perfil
particular y novedoso, negociador hábil y sabedor de administrar
su poder. Cuatro años más tarde -1954- había
dirigido una huelga para obtener mejoras salariales y encolumnar
el gremio tras de si, dejando de lado toda oposición. Una
vez instalado en la Unión Obrera Metalúrgica de la
República Argentina, nacía la leyenda. Uno de sus
contemporáneos describió con admiración su
“inteligencia vivaz y una decisión extraordinaria”
Su liderazgo estaba basado en una excepcional intuición y
en su capacidad de generar confianza y ganar voluntades.
La Caída del General Perón.
La denominada “revolución libertadora” decide
su arresto y encarcelamiento por seis meses y lo despiden de la
Phillips. A los pocos meses, una vez recuperada su libertad se unió
a las filas de la Resistencia Peronista donde tuvo un rol activo.
Pronto ejercería una influencia vital sobre las 62 Organizaciones
a partir de la disolución de la CGT. Dueño un instinto
que le envidiaron quienes intentaron disputarle su indiscutida conducción,
el poder sindical y político de Vandor se afianzó
desde 1958 (cuando conoció entonces a Perón en su
exilio de Ciudad Trujillo). Aprendió a negociar con empresarios
y militares y desplegó estrategias cambiantes y ambiguas,
siempre destinadas a conseguir poder o para conservarlo y volcarlo
al Movimiento Obrero y a su gremio.
La
Consolidación y sus riesgos
Todo ello hizo de este dirigente sindical, de la ya entonces poderosa
Unión Obrera Metalúrgica (UOM) un objeto del deseo.
De unos de acercarse a él y usufructuar una cuota de poder
y de otros de eliminarlo, por creerlo una traba al anhelado regreso
del general Perón a su Patria. Nada más lejos de la
realidad, fue Vandor uno de los pocos que acompañó
a Perón en el frustrado Operativo Retorno de 1964. Ya en
esos años operaban grupos juveniles de la resistencia que
pensaban que la última razón era la eliminación
física del “Lobo” y se contaban anécdotas
de sicarios que cuando estaban por apretar el gatillo aparecía
el enviado del dirigente metalúrgico que lo daba vuelta con
unos pesos o un puestito de colaboradores en alguna seccional.
Su
asesinato
Vandor había caminado por la cornisa en tiempos de tormentas
sin jamás traicionar a las bases de su gremio que sin duda
era peronista y pese a que en su momento intentó hacer "el
peronismo sin Perón", terminó entendiendo que
no había futuro sin el Líder. Como buen pragmático
y entendedor el “Lobo” volvió a la manada. Fue
a Madrid, habló y se entendió con el general Perón.
Poco tiempo después lo mataron. Cuando supuestamente traicionaba
a Perón, nadie conseguía ponerse a tiro y matarlo.
En cambio cuando volvía al redil y se ponía al servicio
del Líder, fue cruelmente masacrado el 30 de junio de 1969
en su propio despacho por un grupo de amateurs, en donde lo que
menos predominaba era el peronismo. Eran tiempos turbulentos, donde
nunca se sabía a ciencia cierta de dónde provenían
las balas.
La investigación –poco seria- nunca encontró
una pauta, ni siquiera se le dio con el tiempo demasiada importancia
a los comunicados del embrionario Ejército Nacional Revolucionario,
adjudicándose la muerte del “Lobo”.
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